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Nueva norma de calidad de los aceites de oliva y de orujo de oliva

calorias aceite oliva

 

El Ministerio de Agricultura, Alimentación y Pesca tiene previsto aprobar este año un nuevo Real Decreto sobre la  calidad de los aceites de oliva y de orujo de oliva, una norma que derogará la parte referente a estos productos recogida en el Real Decreto 308/1983, que ha estado vigente durante casi cuatro décadas. El proyecto pretende crear una norma específica para los aceites de oliva y orujo de oliva, separándola de otros aceites de semillas o de frutos oleaginosos.

El documento, que estuvo en periodo de consulta pública hasta el pasado 6 de marzo, tiene como objetivo “actualizar la legislación para adaptarla a la situación actual del sector y a los avances tecnológicos, promoviendo la calidad del aceite de oliva como uno de los pilares básicos para el desarrollo de este sector”.

El real decreto afecta tanto al proceso de elaboración como al de comercialización. Por este motivo, las medidas propuestas afectan tanto las instalaciones como a su actividad productora, al transporte y a algunos aspectos para regular el etiquetado del aceite de oliva.

 

La norma viene a ordenar el sector del aceite de oliva y del orujo de oliva para mejorar la confianza de los consumidores y generar etiquetados que diferencien los productos respecto de otros similares

 

 

Etiquetado del aceite

Aunque nos vamos a centrar en el etiquetado por ser el aspecto tal vez más vinculado con el consumidor final, no podemos dejar de mencionar que uno de los pilares principales de este nuevo texto es la obligatoriedad de “implantar un sistema de trazabilidad en la almazara que permita localizar fácilmente los productos e insista en la correcta identificación de los mismos en todas las etapas de la producción transporte y comercialización de los aceites objeto de norma”.

El objetivo final de este sistema de trazabilidad para los aceites de oliva no es otro que promover la calidad alimentaria, contribuyendo “a mejorar la confianza de los consumidores, a diferenciar los productos respecto de otros similares, a recuperar y potenciar el mercado y a garantizar, en su caso, la retirada selectiva de los productos”.

El sistema de trazabilidad no algo nuevo para Aceites Lis, donde tenemos implantados procesos que nos permiten llevar un control exhaustivo de nuestros aceites de oliva virgen extra tanto en la producción como en el almacenaje.

Pero, volviendo al etiquetado ¿qué novedades aporta el proyecto del real decreto para la norma de calidad de los aceites de oliva y de orujo de oliva?

En este blog os hemos hablado de los distintos tipos de aceite de oliva según su calidad, explicando cuáles son las diferencias entre el virgen extra, el virgen y el aceite de oliva. Pues bien, el documento propuesto por el MAPA hace una clasificación de este último grupo, el más habitual en el supermercado. Puedes consultar pinchando aquí más información sobre esta categoría de aceite pero, de forma resumida, este tipo de aceite es una mezcla de aceite de oliva refinado con un parte de virgen o, en algunos casos de virgen extra.

De este producto ha venido la muy conocida y mal interpretada distinción entre aceite “suave” e “intenso” que nos encontramos en muchas botellas del lineal del super. Esta nueva norma reconoce estos términos y permite seguir usando el término “suave” para aquella mezcla de aceite de oliva refinado con un porcentaje inferior al 25% de aceite de oliva virgen. Si el porcentaje de aceite virgen es superior, podrá ir etiquetado con el adjetivo “intenso”.

 

Pero recuerda ¡esto solo sirve para el aceite de oliva! Los virgen extra, como los que elaboramos en Aceites Lis, son la categoría superior del producto, no llevan ningún tipo de proceso de refinado y son 100% naturales, presentando distintas intensidades por causas tan naturales como la variedad de aceituna utilizada para su elaboración.

La nueva norma también viene a regular el etiquetado de los aceites condimentados y establece un denominado margen de tolerancia, “la máxima desviación permitida entre, por una parte, el valor declarado en una etiqueta o al que se refiere una indicación en el etiquetado de un producto, y por otra, el valor de la medición o análisis”.

El control del producto final también afecta a la tipología y capacidad de los envases utilizados, estableciendo diferencias entre el consumidor final y un uso comunitario.

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